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¿Existe la personalidad incorruptible? (Dedicado a Luzón, Lastra, Balas, Biedma, Calama, Grinda, Galindo, Cobos, Peinado, Marchena, Corbi, Pedraz, etc…)

28 mayo, 2026Fernando Pérez del RíoComunitario, PsicologíaNo hay comentarios

¿Existe la personalidad incorruptible?
(Dedicado a Luzón, Lastra, Balas, Biedma, Calama, Grinda, Galindo, Cobos, Peinado, Marchena, Corbi, Pedraz, etc…)

Dr. Fernando Pérez del Río

España, a fecha de 2026, vive una sucesión interminable de escándalos de corrupción: Gobierno, familiares del presidente, partido en el poder, empresas públicas y redes clientelares ocupan titulares con una frecuencia intolerable. Hoy mismo escuchaba un pódcast donde se explicaba que el mal llamado “desastre del 98” no fue consecuencia de la decadencia militar española, sino de la corrupción y la incompetencia política de los gobernantes de aquella época. La historia cambia de protagonistas, pero no siempre cambia de mecanismos.

En medio de ese paisaje aparece, de vez en cuando, una figura que desconcierta precisamente por su rareza: la persona que podríamos catalogar como incorruptible. Funcionarios, jueces, periodistas o agentes que, aun sometidos a presión, amenazas o tentaciones, deciden no venderse. Entre esos nombres recientes destaca Antonio Balas, teniente coronel de la Guardia Civil española y actualmente al frente del Departamento de Delincuencia Económica de la Unidad Central Operativa (UCO), quien parece enfrentarse en soledad a esta enorme ola de corrupción. Antonio Balas se ha convertido, para muchos, en un símbolo de resistencia ética frente al poder.

En estos últimos años pude conocer, hablar pausadamente y entablar amistad con un comandante de la Guardia Civil destinado en Burgos que, según mi opinión, respondía a lo que podríamos denominar una “personalidad incorruptible”. Por cierto, echo mucho de menos aquellas conversaciones, puesto que ha sido trasladado recientemente a otro destino en España.

Pero ¿qué dice la psicología sobre este tipo de personas? ¿Nacen incorruptibles o se hacen?

La psicología sostiene que existen individuos con una identidad ética especialmente sólida. No se trata simplemente de “ser buenos”, sino de integrar ciertos principios dentro de la propia autopercepción personal. Para estas personas, traicionar sus valores equivaldría a traicionarse a sí mismas. El psicólogo Kohlberg, uno de los grandes estudiosos del desarrollo moral, describía un nivel superior de conciencia ética en el que el individuo actúa según principios universales incluso cuando eso implica costes personales, profesionales o sociales.

Sin embargo, otros psicólogos han ido todavía más lejos. Viktor Frankl, superviviente de los campos de concentración nazis, defendía que el ser humano necesita encontrar un sentido moral profundo a su existencia para resistir la degradación del entorno. Según Frankl, cuando una persona encuentra un propósito ético firme, soporta mejor la presión, el miedo o el aislamiento. Muchos incorruptibles parecen funcionar precisamente así: no viven únicamente para sobrevivir o ascender, sino para preservar una idea íntima de dignidad.

También hay que reconocer que el entorno moral puede ayudar o empeorar la situación. Como decía Cicerón, un Estado no puede funcionar sin un sistema moral. En una sociedad como la española, sin sentido de trascendencia ni sistema moral más allá de la norma judicial, la corrupción se ve favorecida.

La incorruptibilidad también está relacionada con un rasgo conocido como “integridad interna”. Son personas menos dependientes de la aprobación externa y más guiadas por convicciones profundas. El psicólogo Julian Rotter hablaba del “locus de control interno”: individuos que creen que sus actos dependen de su conciencia y no de las circunstancias o del grupo. Eso les permite resistir mejor la presión ambiental.

Existe además otro elemento importante: la tolerancia a la soledad. La corrupción suele funcionar como una dinámica grupal. Se normaliza porque “todos lo hacen”. El incorruptible rompe ese pacto silencioso y acepta quedar fuera del grupo. Esa capacidad psicológica para soportar la presión social resulta extraordinariamente difícil. Solomon Asch ya demostró, en sus experimentos sobre conformidad, hasta qué punto los seres humanos tienden a adaptarse a la opinión mayoritaria, incluso cuando saben que esa mayoría está equivocada.

Sin embargo, la psicología social también advierte de algo incómodo: casi nadie es incorruptible en cualquier circunstancia. El famoso experimento de Stanley Milgram mostró hasta qué punto las personas comunes pueden obedecer órdenes injustas bajo presión. Precisamente por eso tienen tanto valor quienes resisten. No porque sean héroes perfectos, sino porque recuerdan que la ética sigue siendo posible gracias a la coherencia personal.

En sociedades cansadas del cinismo, los insobornables cumplen una función esencial: restauran la idea de que la ética y la moral todavía importan. Y quizá esa sea hoy la forma más revolucionaria de dignidad pública.

Recuerdo una frase de Macbeth, de Shakespeare, cuando el hijo de Lady Macduff le pregunta a su madre por qué van a colgar a su padre y ella le responde: “Por traidor”. Él vuelve a preguntar: “¿Y quién que no sea traidor podrá colgarle?”. Shakespeare deja la pregunta sin respuesta, quizá porque no hay nadie que no tenga algo de traidor. Sin embargo, hoy sí podemos dar una respuesta: Antonio Balas y muchísimas personas anónimas.

Etiquetas: Corrupción, Crispación, Sociedad, UCO

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