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LEGALIZAMOS EL CANNABIS y qué

13 enero, 2014Fernando Pérez del RíoComunitario, VariosNo hay comentarios

Artículo sobre los pros y los contras de la legalizaciones del cannabis.

A primera vista, el cannabis da mucho que pensar: además de ser una sustancia estimulante de la imaginación para algunos artistas, se utilizó para rituales de paso e iniciación y, en relación al área de los usos médicos, la planta formaba parte de tratamientos para oftalmia, fiebre, insomnio, tos seca y disentería. Pero quizá, las propiedades “visionarias” de esta sustancia fueron lo que la hicieron definitivamente popular. Es de destacar el Club de los haschischiens, al que asistían, entre otros, escritores y poetas como Rimbaud y Balzac, una sociedad que fue fundado por el gran poeta francés Baudelaire, quien escribió textos bajo el título Paraísos artificiales(1).

 

Se ha de apuntar que del Cáñamose obtiene, por medio de dos procesos diferentes, la marihuana y el hachis. El cañamo según la R.A.E.,(Del lat. cannăbum, por cannăbis). 1. m. Planta anual, de la familia de las Cannabáceas, de unos dos metros de altura, con tallo erguido, ramoso, áspero, hueco y velloso, hojas lanceoladas y opuestas, y flores verdosas.

 

Cuando planteamos un debate sobre la regularización, lo que sí podemos evidenciar es que son precisamente las drogas ilegales las que más han aumentado en estos últimos años; en 1994 se publicó la primera gran encuesta sobre drogas en España auspiciada por el Plan Nacional sobre Drogas, y en aquel año el porcentaje de personas que habían consumido cannabis en los últimos 30 días era el 12,4%, en el 2008, el porcentaje ascendía al 20,1%.

 

Por añadidura, se comprende fácilmente que también ha ido en aumento el número de personas tratadas por problemas derivados del consumo de cannabis, de 1300 personas que demandaron tratamiento en 1996, se pasó a 4619 en 2008. Sobre estos datos debemos apuntar varias cuestiones, la primera es subrayar la mayor incorporación al consumo de las mujeres en estos últimos años (3) y la segunda es que, muchas de las personas que van a los centros a tratarse no lo hacen por un problema reconocido de adicción a la marihuana, lo hacen por obligación judicial.

 

Ante la droga ilegal más consumida en el mundo, algunos países como Reino Unido han intentado regularizar el consumo pero, finalmente y tras acalorados debates, la propuesta ha fracasado, prefiriendo el legislador una posición más cauta ante la polémica suscitada.

 

En general se imponen diferentes medidas en cada país, de ahí deriva que finalmente atesoramos un mosaico de normativas de todo tipo, por ejemplo en España la Ley Orgánica 1/1992, de 21 de febrero, sobre Protección de la Seguridad Ciudadana en su artículo 25, expone que “el consumo en lugares, vías establecimientos o transportes públicos, así como la tenencia ilícita, aunque no estuviera destinada al tráfico de drogas tóxicas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas […] es constitutivo de una sanción administrativa grave”. Según el artículo 28 de esta misma ley, la infracción grave conllevaría la multa de entre 300,51 a 30050,61 euros. Como el lector ha podido advertir, no dice que sea sancionable el consumo propio en un ámbito privado. De otra mano, en el caso de estar ante un caso de tráfico de drogas, se utilizaría el artículo 368 del Código Penal.

 

Las dudas están, por ejemplo, en la cantidad límite que se considera permitida para consumo propio. Pongámonos en el caso de que una persona posea varias plantas de marihuana en su casa, la pregunta que se debería hacer con diligencia es: ¿cuántas plantas puedo tener? El límite de esas cantidades será arbitrario, puesto que dependerá de factores personales y situacionales, llegando a ser un auténtico galimatías. En estos casos tendremos que recurrir a la jurisprudencia lo que, salvando las distancias, en clínica llamamos casuística. Así, la jurisprudencia nos dice por ejemplo que hasta 50 gramos de cannabis puede ser considerado consumo propio.

 

En el caso de que a una persona sea detenida en la calle por llevar cannabis para el consumo propio, intentando dar una puntada al desgarrón, debería demostrar que la cantidad incautada no es para traficar, por ejemplo presentando analíticas que demostraran que es consumidor, todo esto con el fin de que se le aplique una sanción administrativa, y no más.

 

A modo de resumen, las leyes, de las que se espera saber claramente lo permitido y lo prohibido, están en esta materia muy lejos de ofrecer seguridad al ciudadano. Por un lado se reconoce que no se atenta contra la salud pública cuando se consume, ni contra el orden público cuando se hace privadamente, pero por otro lado no se puede tener el objeto del consumo fuera de los lugares privados. La única solución es producir en privado lo que se va a consumir en ese mismo espacio. Mientras no se reconozca la tenencia y el transporte para ese uso privado, o se prohíba todo, no habrá coherencia.

 

Según Isidro Marín (2008) en su Tesis Doctoral “La cultura cannabica en España (1991-2007)” análisis socioantropológico de un nuevo tipo de movimiento social. La subcultura cannábica dio un salto en su actividad y organización tras la aparición de la “Ley Corcuera” (1992), este movimiento social atesora dos características fundamentales, por un lado disfruta de abundante apoyo social y como segunda característica el movimiento cannabicoposee una frágil estructura organizativa.

 

De manera sintética, en cuanto a la historia reciente en España, en 1993 nacen los Club Sociales de Cannabis y en 1996 se funda la Coordinadora Estatal por la Normalización del Cannabis, la cual, ha promovido diferentes acciones como “las plantaciones de cáñamo”. Bien conocido es también que al año siguiente se comenzó a publicar la primera revista especializada sobre el cannabis, Cáñamo, que a día de hoy saca al mercado su nada despreciable número 156; esta y otras revistas fueron y siguen siendo acusadas de apología del consumo, pero desde sus primeros pasos han tenido una buena aceptación por su clara información por ejemplo en materias como el cultivo.

 

Quizá, dentro de estas últimas décadas el hecho más sobresaliente ha sido que incluso se llegara a fundar una agrupación política, como la nacida en Valencia en 2003 bajo el nombre del Partido del Cannabis por la Legalización y Normalización.

 

 

¿POR QUÉ EL DEBATE VUELVE A ESTAR SOBRE LA MESA?

 

En los últimos años encontramos algunos hechos que han impulsado nuevamente el debate, por ejemplo, que se legalice como medicamento en algunos países y para algunos pacientes concretos. Estas propuestas, ciertamente han avivado el debate y también, por qué no decirlo, la confusión. Como decía un compañero de trabajo: todas las semanas entra un nuevo adolescente al centro de tratamiento diciendo: un amigo me ha dicho que la marihuana se usa como medicamento.

 

En el estado de California la tenencia de más de 28 gramos es un delito menor, más o menos como aparcar mal el vehículo. Y recientemente este mismo estado, en su famosa proposición 19 finalmente rechazada (44% vs. 56%), planteaba que cualquier individuo mayor de 21 años pudiera poseer, comprar y transportar hasta 28 gramos y además, cultivar 2,3 metros cuadrados de marihuana por persona. Esta votación tuvo mucha repercusión en los restantes estados de EEUU y mantuvo en vilo a la opinión internacional.

 

Debemos añadir aquí que la última vuelta de tuerca a la causa de la regularización ha venido encerada ni más ni menos por algunos expresidentes de gobierno que pedían abiertamente y sin tapujos la legalización: Vicente Fox en México, César Gaviria y Ernesto Samper ambos de Colombia, Manuel Zelaya de Honduras, FernandoHenrique Cardoso de Brasil y Felipe González de España (5). Estas opiniones han tenido como acicate la dramática situación de países como México donde han muerto entre 23000 y 32000 personas en estos últimos cuatro años a causa del narcotráfico (6). Ante esta situación en México, se acude a la socorrida frase: la guerra contra las drogas causa más daño que las drogas mismas. En este sentido, a modo de apunte, parece desmedido relacionar el estatus legal de la marihuana con toda la problemática de narcos mexicanos. Pero sin duda, el golpe definitivo a este debate ha sido la reciente regularización para fines lúdicos en el Estado de Colorado y en Uruguay.

 

Y antes de pasar a los pros y a los contras de la regularización contémplese, de todos modos, que la diferencia entre ser una droga legal e ilegal no tiene nada que ver con criterios clínicos; como veremos no es un debate dicotómico ni blanco ni negro. Empero cabe señalar que al no existir en ningún país una situación de libertad completa nos encontramos ante un debate que se mueve a un nivel más teórico y de suposiciones. Estamos ante una situación histórica puesto que pronto podremos tener datos de lo que ocurre en una situación de regularización para fines lúdicos tanto en el Estado de Colorado como en Uruguay.

 

 

 

RAZONES EN CONTRA

 

Las razones para que siga siendo una planta prohibida son de toda índole y calado, por ejemplo se supone que si un país la legalizara provocaría un “efecto llamada” como se estima que ocurrió en los Países Bajos, y según salió publicado en el diario el País el 25 de septiembre de 2010, esta regularización holandesa provocó que aumentara el consumo incluso en los países de su alrededor (7). Dejando aun lado la prensa y recurriendo diligentemente a los informes técnicos, según (MacCoun y Reuter 1997) entre 1976 y 1983, la despenalización tuvo poco o ningún efecto sobre los niveles de consumo, bien es cierto que la prevalencia de consumo de Cannabis se incrementó marcadamente entre 1992 y 1996, pero sin embargo, las estimaciones aumentaron igual de rápido durante ese período en países con prohibiciones rigurosas […]. La conclusión es que la despenalización no incrementó significativamente el consumo. Pero no es el único caso, McGeorge y Aitken (1997) pusieron de manifiesto que la despenalización del Cannabisen Canberra, Australia, no tuvo impacto en la prevalencia de consumo entre los estudiantes universitarios. Según los trabajos de Sell y Robson (1998) pocos estudiantes comenzarían a fumar si fuese legalizado el cannabis. 

 

En todo caso, al igual que ocurre con otros temas como la prostitución, muchos sostienen que la legalización del cannabisdebería ser global para evitar ese “efecto llamada”, así que finalmente es un razonamiento “coartada” que nos lleva a un callejón sin salida respecto a cualquier debate, puesto que es una cuestión altamente improbable, por no decir imposible, que todos los países se pongan de acuerdo en algo así.

 

Desde un punto de vista general otra razón más para defender esta postura es que se calcula que tendríamos más consumidores, puesto que además de ser legal, su precio bajaría.

 

Uno de los principales razonamientos promovidos por el discurso prohibicionista es la denominada hipótesis de la escalada basada en unas teorías de Kandel (1975): una persona comienza consumiendo bebidas alcohólicas fermentadas, después tabaco y licores destilados, a continuación pasa a consumir marihuana y finalmente otras sustancias psicoactivas como la cocaína y heroína. Merced a lo anterior, si alguien se detiene a revisar las historias clínicas de las personas que han tenido problemas con las drogas, puede ver que ciertamente es así en la mayoría de los usuarios tratados. La OEDT (2009) estima que son tres millones de europeos los que estarían en el grupo que consume de forma habitual, así que según esta teoría nos deberíamos estar preparando para una verdadera epidemia. Pero para ser más precisos, la teoría de la escalada se ve confrontada por otras evidencias que sostienen que: igualmente es cierto que el grupo de consumidores de cannabis no van más allá de su sustancia partenaire. Es decir según la investigadora francesaCatherine Reynaud-Maurupt (2009), el grupo (cluster) de consumidores de cannabisestá formado por personas insertadas en la sociedad a las que fumar no les impide llevar su vida con normalidad y estabilidad. Son personas que no tienen consumos abusivos y más de la mitad no perciben efectos indeseables de la práctica de fumar, es más, perciben más efectos positivos que negativos en el hecho de consumir cannabis.

 

Un estudio socioantropológico realizado en España y publicado en la revista Proyecto, revista de la Asociación de ProyectoHombre, titulado “Usuarias y usuariosexpertos de cannabis en España: perfiles, motivaciones y patrones de consumo”(Gamella, Jiménez 2004) también pone claramente en solfa la hipótesis de la escalada en relación a los consumidores habituales de cannabis. No deja de ser singular el hecho de que los autores de este trabajo, entre otras conclusiones defienden la despenalización del cannabis.

 

En general, de todas las personas que consumen cannabis en mayor o menor medida, de acuerdo con los estudios de Kleiber (1997) en el país teutón, el 9% de ellos puede ser diagnosticado de dependencia según los criterios del DSM-IV-TR. En cuanto a estudios en España, la adicción aparece entre el 7% y el 10% de las personas (16). Dicho esto otra de las principales razones de peso para continuar con la ilegalización es la siguiente: cómo podemos liberar una sustancia cuya peculiaridad es precisamente que resta la libertad colgando la pesada argolla de dependiente a quien la consume.

 

Los que defienden la prohibición suelen ser personas conservadoras y aseveran con tenacidad e insistencia que la sociedad “no está preparada”. Es frecuente escuchar frases de este tipo: “probablemente yo hubiera consumido si hubiese sido legal puesto que tuve períodos malos en mi vida y las drogas podrían haber sido una válvula de escape”. Aquí se agrega el muy importante hecho de que para muchas personas el simple miedo o el respeto al límite de no consumir algo “ilegal” les hace no probarlo nunca.

 

El investigador Rapale Mechoulan, búlgaro afincado en Israel, fue quien aisló el principal componente de la planta, el tetrahidrocannabinol (THC). Cuando le preguntaron sobre la legalización de la marihuana contestó: “la felicidad hay que construirla, no consumirla” (17).

 

Ahora bien, como es de suponer el timón que dirige los razonamientos contrarios a la legalización y la regularización tiene como norte la baza de la salud. A poco que se ojee atesoramos un puñado de estudios científicos que evidencian los muchos peligros, aunque la marihuanano genere tanta adicción en comparación a otras sustancias. Es una sustancia que provoca despistes y acarrea como consecuencia tener menor facilidad para prestar atención y mayor dificultad en el aprendizaje,disminuye los reflejos, y algunos consumidores presentan el Síndrome desmotivacional que obviamente correlaciona con el fracaso escolar. “Hay pruebas clínicas y experimentales de que el consumo de cannabisa largo plazo puede producir alteración cognitiva sutil en funciones cognitivas superiores, como la memoria, la atención y la organización, y la integración de la información compleja,” (19). Según (Schwartz, 1987), los síntomas cognitivos más destacados del consumo abusivo son: a) disminución de la memoria a corto plazo; b) razonamiento abstracto deteriorado; c) letargia; d) elevada irritabilidad.

 

También podemos destacar otros efectos nocivos como broncodilatación, leve obstrucción, taquicardia, desmayo, etc, (21).  Podemos encontrar trabajos que añaden que, si se consume en dosis altas, puede provocar cuadros de ansiedad (22).

 

Es una creencia extendida que algunos de los síntomas comportamentales más significativos son: la disminución de las inhibiciones, el aumento en la actitud de riesgo y el comportamiento delictivo (vandalismo, hurto, conducción bajo la influencia de la droga, implicaciones en accidentes de tráfico…). Aunque como el lector imagina, estos aspectos han sido discutidos y en más de una ocasión, exagerados, por ejemplo ya en 1943 Bromberg en un extensísimo estudio se  había descartado la asociación violencia y consumo de marihuana. Más recientemente (Meyer, 1982) demuestra nuevamente que no hay criminalidad asociada en los consumidores de cannabis.

 

Dicho esto, otro punto a destacar es que su consumo aumenta el riesgo de padecer cuadros psicóticos, psicosis reactivas en adolescentes y jóvenes (25).

 

La asociación que se ha hecho entre el cannabis y la psicosis es un tema un tanto antiguo. “Un tratado médico chino del siglo I, que pretende remontarse al legendario Sheng Nung (3.000 a. C.) asevera: Tomado en exceso tiende a mostrar monstruos, y si se usa durante mucho tiempo puede comunicar con los espíritus y aligerar el cuerpo” Escohotado (2001).

 

Acercándonos más a la actualidad, el doctor Moreau de Tours publicó en 1845 Du Hachisch et de L´aliénation mentale. En este ensayo explica su experiencia al usar el cáñamo como fármaco en pacientes, y donde sostiene que provoca “psicosis de laboratorio.”
Uno de los estudios prospectivos más amplios fue realizado en Suecia. Se entrevistó a 45570 hombres y el seguimiento duró nada menos que quince años. Se evidenció que el consumo de cannabisprecipita la esquizofrenia en las personas que son vulnerables, por la existencia de antecedentes personales y familiares de la enfermedad (28). Como se puede advertir los estudios trastabillan y según cabe esperar cuando el análisis de un hecho es complejo llegamos a posturas intermedias. Así, algunos investigadores sostienen que los afectados serían un grupo reducido de personas más vulnerables a este tipo de problemas (29).

 

Sobre este particular, quizá el más controvertido, las cosas aún se complican más. El investigador del Reino Unido John Witton, (2008) apunta que ciertamente algunos estudios han planteado su relación pero no es real, ya que hay que recordar que la cifra consumidores de cannabisha aumentado mucho en estas décadas y asimismo el porcentaje de esquizofrénicos en occidente no ha aumentado en absoluto durante estos últimos 30 años, así que nos encontramos ante un nuevo interrogante que nos aleja de la asociación entre esquizofrenia y cannabis. Sin cambiar aún de escenario e intentando poner luz en este debate, también podemos apuntar que es diferente la esquizofrenia de una intoxicación por cannabis. Otros recientes trabajos como los de la médico Ana González-Pinto, señalan que los efectos del cannabis en el cerebro son reversibles a medio plazo si se abandona el consumo. Esta investigadora de Osakidetzarecibió el Premio Nacional de la Sociedad Española de Psiquiatría Biológica por su investigación.

 

Con todas estas mimbres, dejando a un lado este último nebuloso debate, en lo que todos estamos de acuerdo es que su consumo altera las funciones del organismo.

 

 

 

RAZONES A FAVOR

 

A la chita callando van ganando terreno las personas que apoyan la regularización desde posiciones normalizadas, ecologistas “es una sustancia natural”, posiciones festivas y lúdicas, alejadas de los antiguos movimientos contraculturales y reaccionarios.

 

Algunos razonamientos a favor aportan numerosos datos, comparaciones que intentan ser clarificadoras para el lector, por ejemplo el alcohol es la sustancia que causa más accidentes y deterioro familiar; después, la segunda sustancia en el escalón de gravedad es el tabaco.

 

En ocasiones se han usado estos ejemplos que intentan ser aclaratorios y que tienen como finalidad ampliar nuestras miras, hace poco fue publicado en un diario nacional lo siguiente: el número de muertos en Escocia por alcohol y tabaco ascendía a unas 15000 personas, mientras que por drogas ilegales era de 356 (32). Ante este tipo de evidencias se ha de apuntar que no es comparable ni de lejos el porcentaje de personas que consumen alcohol con el porcentaje de personas que consumen otras drogas como la cocaína, heroína o éxtasis. Es decir exponer así los datos al final riza más el rizo, sin información más detallada, puede resultar malinterpretado e inclusive, engañoso.

 

A continuación se exponen las razones por las cuales las personas consumen cannabis, de mayor a menor importancia: para relajarse, para sentirse bien, como ayuda para dormir, para disfrutar de la música, películas, TV, para ser creativo, para combatir el estrés, para colocarse, como remedio al aburrimiento, para tratar de aliviar dolencias (sin consulta médica), para sobrellevar la vida cotidiana, o etc. (33).

 

Es frecuente encontrarse a personas que han consumido durante años y aseveran no haber sufrido apenas síndromes de abstinencia, y no ni haber sufrido consecuencias significativas negativas tras años de consumo moderado diario. 

 

Es innegable que la sociedad cambia, por esa razón los que defienden esta postura solicitan realizar una regularización acorde a nuestro momento histórico. Y sí se usa como medicamento: el sativex. Se utiliza para aliviar algunos síntomas en pacientes crónicos graves, en cuidados paliativos, siendo un medicamento legalizado en países como Bélgica, Canadá, Países Bajos o Israel. Pero no se debe olvidar que tanto la vía de administración, como la cantidad, como el contexto donde se ingiere es diametralmente diferente “a fumar un porro”, esto nos debe alejar de realizar comparaciones del tipo: “si se usa como medicamento no puede ser malo”, lo cual podría ser un canto a la irresponsabilidad.

 

Un comentario habitual es que el uso de marihuana es muy antiguo y nunca estuvo prohibido hasta hace relativamente poco tiempo, aunque también es cierto que la sociedad no es la misma.

 

Uno de los comentarios bastante habituales de los antiprohibicionistas, son las consecuencias que tuvo la desastrosa Ley seca en EEUU en 1920 y, a renglón seguido, se suele añadir un dato incontestable: la política de represión y persecución, aunque siga siendo necesaria, no ha sido suficiente y no han diezmado su consumo en estos últimos cuarenta años, un período de tiempo en que curiosamente se había planteado como objetivo la reducción de esta droga.

 

En relación a las importantes variables -represión y consumo-, si tomamos como referente el reciente Informe del Observatorio Europeo para las Drogas y Toxicomanías de 2009 podemos evidenciar claramente que no hay una clara relación directa entre las medidas políticas y el consumo. Por ejemplo Holanda donde es legal el cultivo, producción y venta al comercio minorista. Como reflejo a esta política flexible podríamos pensar que el porcentaje de consumo es mayor, pero no es así. El consumo de cannabis en ese país se sitúa en la media europea, mientras que en países como Francia, con políticas más restrictivas, los porcentajes de consumos son mucho más elevados. Este es un dato muy elocuente puesto que lo que se suele suponer en un primer momento es que la variable que más relación tiene con el consumo es la represión vs permisividad, como si estuvieran hechas de la misma pasta.

 

En cuanto a los jóvenes se teoriza que cuanto más se regule menos acceso tendrán, y debe considerarse que la regularización conllevaría la ventaja de alejar a los jóvenes de los ambientes insalubres, ilegales y delictivos. En este sentido regularizar supone liberalizar con restricciones estrictas, usando como ejemplo las máquinas tragaperras; regularizarlas supone que estén por ley en espacios controlados, y que por ejemplo estuviera restringida la entrada a menores. Aunque nuevamente podemos ofrecer la cara y la cruz de esta teoría, que bien puede ser refutada puesto que se sostiene que cuanto más accesible esté, más se consumirá. Según el experto en adolescentes y drogas José Luis Sancho (2010) “la permisividad acercaría al consumo a un público adolescente que ahora no se atreve o no tiene acceso a la compra de drogas”.

 

Lo que nuevamente resulta muy paradójico, es que en la actualidad, muy frecuentemente un adulto tenga que acudir de una manera tragicómica a zonas de fiesta (marcha) y recurrir a un menor para comprar cannabis.

 

Otra gran ventaja de la regularización sería poder vender plantas, bajo controles de calidad, con una concentración similar de THC, información que frenaría una posible sorpresa desagradable, el llamado “mal viaje”. Se podría vender una sustancia controlada y asimismo ofrecer la posibilidad de informar sobre ella y sus consecuencias. Según DamianZaitch, en los coffee-shop regularizados desde 1976 en Holanda, se puede encontrar instrucciones de cómo proceder: usa el cannabis por placer, pero no te fumes el estrés o las inseguridades, no resuelve los problemas. No lo uses en la escuela o si tienes que estudiar, ni conduciendo, ni en el trabajo, no consumas si tomas medicinas o si estás embarazada. No compres en la calle, etc.

 

Se evitarían las mezclas de todo tipo y pelaje que suelen adjuntar las sustancias, mejorando notablemente las condiciones de consumo, y podemos suponer que la gente no llegaría tan deteriorada físicamente cuando demanda un tratamiento. Si fuera legal, muchos no habrían pasado por el mal trago de la cárcel, que es el mayor centro de marginación que existe. Unos cuantos pacientes hoy por hoy, tienen como obligación realizar un tratamiento bajo el artículo 182 del Reglamento Penitenciario, en buena lógica si esta sustancia fuera legal y desearan realizar un tratamiento, este sería de forma voluntaria.

 

Quizás también notarían el cambio en las cárceles, ya que el 27% de los presos está condenado por narcotráfico (37) y según la encuesta sobre drogas en las prisiones el 33% está condenado por delitos contra la salud pública, incluyendo en estos últimos la elaboración, tráfico y venta pública de drogas. Otro dato de este informe es que un 30,5% de los internos ha estado alguna vez en tratamiento de drogodependencias en la prisión (38), por lo que también el sistema judicial notaría cierto alivio si se regularizase el consumo de cannabis. Pero he de recordar que este párrafo comienza con un “quizá”, puesto que estamos hablando de lo que teorizan las personas que defienden la liberalización. Y además, hay que ser nuevamente cautelosos puesto que los porcentajes ofrecidos no se refieren solo al tráfico de cannabis, aunque bien es cierto que las denuncias y detenciones relacionadas con el cannabis ocupan el porcentaje mayor en comparación con las otras sustancias psicoactivas, (39).

 

Otra de las grandes oportunidades a favor de la regularización está en el grave peligro que suponen los camellos y las mafias que afortunadamente verían restringidos sus ingresos; en buena lógica conllevaría un aligeramiento del importante trabajo que realizan los diferentes cuerpos de seguridad.

 

En la campaña a favor de la legalización en California, un eslogan decía, “la única justificación para votar no a la proposición 19 es tener un dispensario de venta con fines médicos, pertenecer a un cártel mexicano de la droga o ser  Meg Whitman (la candidata Republicana a Gobernadora)” como curiosidad, otro eslogan era: Yes We Can-nabis (40). Dados los tiempos que corren, no es un tema baladí decir que la regularización aportaría al estado mucho dinero con la recaudación de la tasa correspondiente al consumo, cultivo y producción; hoy se ve con buenos ojos todo aquello que pueda generar riqueza.

 

En este ten con ten, se suele subrayar que la legalización no significa decir que se vea con buenos ojos un aumento del consumo, algunos antiprohibicionistas incluso reconocen que se ha extendido en exceso el consumo. While still illegal in the UK, cannabis was downgraded to a category C drug in Jan

 

En otro orden de cosas, muchos teóricos de esta línea se suelen plantear preguntas y esbozar hipótesis del tipo “¿A quién le interesa la ilegalización? ¿A quién le interesa desarrollar legislaciones que imponen un mayor control social reduciendo las libertades? ¿Adónde va realmente el dinero negro?” Interesantes cuestiones muy difíciles de responder, ante las que uno se llega a preguntar si tales “conspiraciones” surgen bajo los efectos cannábicos de sus creadores. Son líneas y argumentos que suelen caer fácilmente en el dogmatismo crítico.

 

Pero quizá lo más paradójico o, si me permiten, “enigmático” de todo este debate sea. Por qué no se regula algo que se puede conseguir a la vuelta de la esquina. Una pregunta que nos hace confrontarnos con sorpresa con la realidad. Lo curioso es que está frente a nosotros y se puede obtener en muchos lugares al momento (o a lo sumo en un par de días), y sin impuestos.

 

Hasta aquí hemos desarrollado algunas ideas y evidencias generalmente venidas de la progresía que defiende esta posición. Pero en este lado de la balanza, las razones de mayor calado son de corte ideológico bajo lemas como: “—hago lo que quiero con mi cuerpo—,” “—voy a mi rollo—.” Existe un gran número de personas que defienden los derechos individuales a ultranza, pero he de decir que estos argumentos, en muchos casos, suelen caer fácilmente en una visión reduccionista y en un individualismo que tiende al aislamiento; es decir, fácilmente pasan a ser estilos donde uno termina mirándose únicamente el ombligo y donde casi nunca se suele pensar en el grupo o en los demás.

 

Estas posturas han sido denominadas como individualismo hedonista o egoísta, egoísta en el sentido de que instrumentaliza lo que le rodea en pro únicamente de su beneficio, o también se han denominado como individualismo posesivo en el sentido de que hay individuos que piensan que no deben nada a la sociedad.

 

Paradójicamente la línea argumental de “hago lo que quiero con mi cuerpo,”  es muy acorde con el capitalismo y, además de esto, en su raigambre, es muy conflictiva, puesto que la vida se plantea como una confrontación continua de egoísmos y, en una ausencia de empatía hacia el grupo. Una persona considerándose madura puede sostener fácilmente que se deben legalizar todas las drogas, el problema es que uno no vive solo en el mundo.

 

Esta sería la variante negativa que se aleja en extremo del otro polo, que son las posturas comunitarias. A mi modo de ver, no es conveniente quedarse en ninguno de estos extremos anacrónicos.

 

Y si doy por hecho que la postura “individualista” está planteada desde la solidaridad y desde el apoyo mutuo, en este caso, hay que reconocer la importancia de estas ideas y puntos de vista.

 

Estamos ante un colectivo muy numeroso que rechaza las restricciones a la libertad y considera que el estado y su intervencionismo, trata a las personas como seres incapaces de gobernarse a sí mismos. Un paternalismo que ve a la masa como inmadura y falta de una formación que los gobernantes, sí parecen atesorar.

 

Según Mario Vargas Llosa, (2010) “la libertad del individuo no puede significar el derecho de poder hacer solo cosas buenas y saludables, sino, también, cosas que no lo sean, a condición, claro está, de que esas cosas no dañen o perjudiquen a los demás”.

 

CONSIDERACIONES

 

Jean Baudrillard sostiene que vivimos obsesionados con la perfección y ciertamente, convendría asumir que este es un problema complejo, incluso que no tendrá una solución perfecta. “No hay un sistema óptimo de regulación para las drogas, solo hay sistemas más o menos flexibles (43).”

 

Tampoco se trata de un debate ajeno a nosotros, no son otras personas las que toman las decisiones, ni son otros los que educan en la libertad y responsabilidad. Hay que alejarse de la ingenuidad de pensar que son los políticos los únicos que deben resolver.

 

Al entrar en este debate se asume una especie de déjà vu, puesto que no deja de ser singularque algo similar ocurriera con otras drogas, como el opio y la morfina. Uno también recuerda haber vivido otras disputas semejantes y hoy sabemos, aunque los estudios que lo verifican han sido demasiado escasos y adolecen de tener muestras pequeñas; que la prescripción de heroína puede reducir los niveles de delincuencia y aumenta la inserción laboral entre los adictos.

 

En su día también hubo un debate en relación al tratamiento con metadona, muchos centros de drogodependencias se negaron de forma rotunda a usarla; finalmente, las políticas de reducción del daño han sido un éxito. Esto no quiere decir que estemos ante algo comparable, no lo es, pero sí merece la pena analizar todas las posibilidades en profundidad poniendo orden y palabras donde apenas las hay. “De lo que no se puede hablar no basta con callarse, hay que escribirlo” Derrida (1989).

 

Así las cosas, queda por reseñar que lo que siempre ha funcionado es la educación y la prevención, y sabemos que el consumo está íntimamente relacionado con la percepción de riesgo. Si ponemos sobre la mesa los datos actuales, tenemos la evidencia que para los más jóvenes la percepción del riesgo del cannabis es más baja que la del tabaco (45). Frente a este fenómeno e independientemente de que el cannabis sea legal o no, resulta muy importante cambiar la mentalidad y desarrollar sentido crítico. Son muy importantes los programas de prevención que implican al alumno y donde se trabaja la educación en el consumo, la seguridad y confianza en sí mismo, aprender a resistir y manejar la presión social. De este modo, es importante encontrar sentido “a respetar” los límites y trabajar la convicción libre, el autocontrol.

 

En la literatura existente sobre la materia se insiste en avisar de los falsos mitos (al fin y al cabo tiene efectos terapéuticos (46), no genera dependencia, 11,3% de jóvenes convencidos de que el cannabis no implica ningún peligro, etc. (47) Del mismo modo, es de recibo la necesidad de formar e informar de forma palmaria contra los prejuicios, los miedos y tabúes.

 

Pese a la confusión que ha generado este debate, hay que tener en cuenta la vulnerabilidad de las personas a la hora de consumir, la cantidad que se ingiere, es diametralmente diferente el usodel abuso en todo este debate, aunque parezca una obviedad es diferente beber un vaso de vino que dos botellas, “los griegos usaban el concepto phármakon, es una sustancia que comprende a la vez el remedio y el veneno; no una cosa u otra, sino ambas a la vez. Como dijo Paracelso, ‘Solo la dosis hace de algo un veneno’ (48)”. Asimismo, es importante entender la función que tiene ese acto, el contexto sociocultural donde se consume, incluso el sentido.

 

El cannabis no es inocuo y si hay algo en que todos los sanitarios estamos de acuerdo, es que el consumo precoz es mucho más perjudicial, por lo cual se recomienda y alienta a retrasar la edad de inicio, cuestión que por su importancia ha sido subrayada por el plan estratégico del Plan Nacional sobre Drogas. En este sentido, considero que debe seguir prohibido para los menores de 18 años y en el caso de una regularización o despenalización, este colectivo debería seguir sin acceso a dicha sustancia. 

 

Ahora, llegados a este punto, el acento se debe poner en educar. Los adolescentes que consumen drogas y cometen delitos, pertenecen a familias caracterizadas por un clima familiar conflictivo, con una escasa comunicación, y una utilización de pautas disciplinares erráticas (49) (50). El debate no está tanto en si debe ser legal o no, insisto, sino en sus previos, se debe educar y prevenir, se debe trabajar con los padres para que tengan ideas claras, se debe saber cuando tener firmeza y criterio, trabajar los límites, educar en valores… Sabemos que una disciplina familiar estricta se vincula a las conductas desviadas (51) (52), lo mismo ocurre cuando se da ausencia de disciplina y normas laxas (53) (54).

 

No se puede caer en las tópicas asociaciones de jóvenes vs drogas, marginalidad vs drogas, estigmatizar no ayuda a la curación ni a la educación. Además, como ya hemos comentado, las evidencias empíricas no vinculan el consumo de cannabisa un bajo nivel cultural ni a colectivos marginados.

 

Cuando falta educación hay que legislar y éste parece ser el caso; o, dicho de otra manera, la política se inmiscuye en el quehacer diario de los ciudadanos, lo que Foucault denominó acertadamente biopolítica (55).

 

En este sentido nos podemos preguntar qué es lo que realmente importa en este debate, si hacemos el esfuerzo de salirnos de las posturas a favor y en contra, si tomamos distancia de los matices que sostienen unas y otras razones, llegaremos a la conclusión de que lo importante es la educación y la prevención; curiosamente si se educara mejor, la consecuencia sería encontrarse con posturas no tan extremas, y posiblemente este debate no tendría tanta importancia.

 

Cambiando de escenario, una observación es que a todas luces son desproporcionadas las sanciones administrativas en el caso del consumo propio de cannabis, si lo comparamos con el alcohol y el tabaco, y con las consecuencias para la salud de éstas dos sustancias.

 

Como apuntes finales, se debe recordar que existen clubes a fecha de hoy donde se puede consumir cannabis en España, es el caso del Private Cannabis Club  una asociación sin ánimo de lucro. Sus socios son consumidores y estudiosos de todo lo relacionado con el cannabis y sus derivados. Fue fundada y dada de alta en el registro de asociaciones de la Comunidad de Madrid en 2010, legalmente inscrita con el número 31435.

 

Los socios tienen una edad entre 20 y 65 años, pagan una cuota de 130 euros al año. Dentro del local pueden consumir su propia marihuana […]. Desde el colectivo dicen que propugnan el consumo responsable y controlado, por eso no se permite consumir más de 50 gramos a la semana. Aquí no se vende, tenemos una caja común y se dispensa […]. De los 80 socios algunos de ellos padecen graves enfermedades (56).

 

Aunque el público general no lo sepa, esto quiere decir que se han encontrado fórmulas que permiten la creación de clubes donde la gente puede consumir de manera regularizada. En definitiva, aunque parcial y débil, hay cobertura de legalidad para estas asociaciones de consumidores que posiblemente proliferen por diferentes puntos de España.

 

Como apunte final, subrayo que se deben excluir de la legalización o de cualquier tipo de regularización las drogas denominadas “duras” por motivos de salud, es un tema que considero fuera de discusión, y en cuanto al cannabis, en la hipotética situación de que se regularizara su consumo, cultivo y venta, considero necesario que estuviera bajo estricto control. Quizá algún día tengamos la gran suerte de enfrentaremos a un referéndum y decidiremos, seguro, sabiamente.

 

 

 

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