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El triunfo social del hombre deconstruido y solitario

2 diciembre, 2025Fernando Pérez del RíoEducación, PsicologíaNo hay comentarios

El triunfo social del hombre deconstruido y solitario 

Dr. Fernando Pérez del Río

No es nada nuevo decir que el enemigo a derrocar en la posmodernidad sea el hombre blanco, heterosexual y cisgénero, y en segunda instancia, sabemos que la política ha logrado demoler la figura del padre, no solo ha logrado separar y dividir en estas décadas a hombres y mujeres, sino que ha construido una nueva escisión donde el “malo” de la posmodernidad es el varón: un ser prescindible, tóxico, peligroso, demonizado y patriarcal. El objetivo de la posmodernidad en este largo viaje ha sido acabar con lo tradicional, con la familia, y especialmente con la figura del padre.

Incluso la ONU se ha involucrado en la nueva agenda contra la masculinidad. El varón debe deconstruirse al estilo foucaultiano, nada más lejos de su forma de ser; el hombre debe ser femenino, deconstruido, fofo, sensible y culpable de todas las agitaciones y disputas. 

Como cabe esperar, cualquier rasgo masculino es considerado peligroso y por tanto el hombre debe ser disciplinado y reorientado, veamos:

Merece la pena fijar la atención en que algunos estudios ya reflejan que los niños se avergüenzan de ser varones. La competitividad se percibe como algo negativo, su esencia natural es mala, la masculinidad es tóxica, la agresividad en cualquiera de sus formas (incluso en el arte) es inaceptable, su deseo es interpretado como acoso, su deseo de proteger y proveer es visto como patriarcado. 

En definitiva, se les castra simbólicamente desde el colegio lo cual constituye un grandísimo error.

Otra indigestión la vimos en 2018, la Asociación Estadounidense de Psicología (APA) publicó sus pautas para la práctica psicológica con niños y hombres, donde sostuvo que “la masculinidad tradicional es dañina” y emitió directrices para “tratar” dicha “patología”.

Hoy en día, el hombre parece tan perdido que necesita una guía de uso psicológica: debe ser blando, afectuoso, dócil, deconstruido, y sumarse a una nueva cultura fluida patrocinada por leyes como la Ley Trans.

Buscando razones firmes, la función del padre de proveer, proteger y procrear no solo se pone en tela de juicio, sino que se cuestiona y desprecia abiertamente.

El comentario frecuente de las mujeres es que debemos liberarnos de ese yugo y no tener ocho hijos como antes… Efectivamente, el objetivo se ha logrado: ya no se tienen hijos, a lo sumo se tiene 1.2, y no hay reemplazo, ni siguiente generación de “nativos” situándonos en la extinción. Hemos pasado de un extremo al otro.

Sabemos que, en las últimas décadas, el suicidio entre hombres es superior, y también tenemos datos estadísticos que muestran que cada día, más hombres prefieren vivir en soledad. Sienten y expresan con resignación que tienen todo en su contra como si de reos se tratara.

No se arriesgan a vivir con una mujer que, un buen día, por un comentario o una denuncia sin pruebas ni testigos, o incluso con una captura de una pantalla de hace 10 años puedan ser acusarlos y quedarse ellas con todo. Los abogados saben muy bien que, con exagerar un poquitín las cosas, la mujer se quedará con todo…

Cada mes, de manera puntual, llega a la consulta un hombre destrozado por no poder ver a sus hijos; obviamente, ha sido denunciado por violencia de género. El último hombre que llegó a mi consulta fue denunciado porque dijo a su mujer: -si me dejas me suicido-, el suicidio fue interpretado como una “coacción” por tanto, se le denunció por violencia de género y también con orden de alejamiento de sus hijas. Suma y sigue.

Siempre hay que aclarar que una ley de protección a la mujer era necesaria, pero no esta ley condena sin pruebas, ni testigos, donde se es culpable por ser varón y se cree en la mujer por ser mujer.

En 1970, el 80% de los hombres de 25-29 años estaban casados, es 2007, solo el 60%, y la cifra de hombres solteros sigue creciendo de forma alarmante. El porcentaje de hombres que consideran el matrimonio como un objetivo en su vida ha bajado más que el de las mujeres.

Espero que sin disgustarnos e intentando ser conciliador, he de recordar que tras varias décadas de ideología de género en España, las mujeres cuentan con unas 467 leyes, subvenciones y ventajas a su favor. No existe, en España, ni una sola ley que ofrezca ventajas al hombre. Queda claro, lo pinten como lo pinten, que el objetivo no es en ningún momento la igualdad, sino la invisibilización de lo masculino y la captura del voto electoral femenino. 

Se sigue neutralizando todo lo que sea viril, y el varón debe ser empático, sedado, emotivo, blandengue, inofensivo. El hombre a través de las leyes, la política y la educación está sufriendo un borrado simbólico como nunca en la historia.

La ideología discurre sin freno, y en esta burbuja contra el varón, llama la atención que, de todas las leyes que han surgido a raíz de las políticas de género, no haya ninguna que promueva la unión, o favorezca la mediación entre géneros para un mejor entendimiento. Lo revelador es que todo está diseñado para la separación, la dicotomía, la división y la deconstrucción del varón, pero nada se propone para la unión de las parejas.

Como una tempestad, la ideología actual se ha dedicado a ayudar a un colectivo en detrimento de otro. En este largo viaje de los géneros, se ha buscado polarizar las relaciones, fomentando la confrontación. Guste o no, la Ley del “sí es sí” busca la presunción de culpabilidad del varón, solo por serlo. El hombre es malo por naturaleza y, como dijo una conocida política española, es “un violador en potencia” (sic). Se establece que los varones tienen algo intrínsecamente malo, una culpa que deben purgar y confesar.

 

De tal suerte, llama poderosamente la atención que nunca, y en ningún caso, se haya creado una ley para que nos entendamos mejor, para poder construir un espacio común estable, para apoyar a la familia y poder tener hijos, -insisto-.

En la educación actual, se prima lo lingüístico (hemisferio izquierdo), que sabemos madura antes en las mujeres. Se privilegia la quietud en detrimento de la fuerza; el lenguaje sobre lo manual y espacial. En el colegio feminizado, se espera que los niños estén quietos y expresen sus emociones verbalmente.

Si un niño es muy activo, corre el riesgo de ser diagnosticado con TDAH y medicado con drogas químicas. Así las cosas, en un informe del Ministerio de Sanidad de España (2019), se reveló que el número de diagnósticos de TDAH ha crecido más del 100% en los últimos 20 años. Es lógico imaginar que la inmensa mayoría de los niños medicados como cabe esperar, sean varones.

Por otro lado, otra gran paradoja es que la mayoría de las mujeres no encuentra atractivo a un hombre deconstruido, blandengue y feminizado, que no toma decisiones puesto que eso sería “patriarcal.” Son más como amigos, -suelen decir las mujeres-, pero no me sirve como pareja. La biología sigue ahí: la atracción femenina se dirige a un varón que proteja, que ofrezca seguridad, que tenga la capacidad de proveer.

Según el CIS, un 44,1% de los hombres cree que se ha ido tan lejos en la promoción de la igualdad de las mujeres que ahora se les discrimina a ellos, alejándonos de cualquier fraternidad. Bajo este ánimo prescriptor ideológico que todo tiñe en lucha de poder; cada diferencia se ve como una opresión  y, cualquier cosa que una mujer haga a favor de un hombre es considerado sumisión, y la consecuencia como ya sabemos, es la soledad. La realidad es que vivimos una epidemia de soledad de sujetos errantes con mascota.

Como si se tratara de una victoria, según encuestas, entre el 55% y el 65% de las mujeres desea estar sola y hasta un 80% se ha planteado ser madre soltera. 

En cualquier facultad de educación usted recibirá una sobredosis de estos temas (y no de otros) sobre la masculinidad, agresiva, patriarcal, intolerante y decimonónica. Y como consecuencia de tantas décadas de esta ideología, estas ideas han llegado a cuajar en la sociedad, nos ha convencido de que lo importante es la personalidad de cada uno a la hora de educar, por lo que el hombre, como rol, es prescindible ya que no engendra. En semejante círculo sin salida, los hombres, hay que reconocerlo, están desorientados.

Pero encontramos muchas otras dimensiones del problema, está ideología ha dado lugar a una generación de huérfanos de padre, cercenando la mitad del afecto de los hijos, privando al niño de la mitad de su historia familiar, la mitad de su simbólico, y los políticos pueden decir lo que quieran, pero esto es algo irremplazable desde la psicología.

Toda la publicidad y el marco social va en contra del varón, y tal esfuerzo mediático como vengo diciendo, ha calado muy hondo. Ahora, cualquier signo propio de la masculinidad es visto como negativo. En consecuencia, expuestos los datos, vemos que el hombre tiene miedo de expresarse como masculino porque puede ser tachado de tóxico. Por su parte, las mujeres también tienen miedo a ser femeninas en su relación con los hombres, porque serán vistas como sumisas al patriarcado. En definitiva aún a riesgo de simplificar, asistimos a un enorme desencuentro.

Hoy en día, en Occidente, y como vengo exponiendo, se valora un hombre pusilánime, sensible, fluido, blandengue y evitador de conflictos y apuros. Pero lo más significativo es que, el hombre actual por su naturaleza, necesita a alguien a quien proteger, proveer y si todo fuera ideal, sentirse considerado.

Hay que apuntar otro pequeño detalle, y es que la masculinidad llamada “tóxica” solo es atribuible al varón blanco, heterosexual, nacido en países desarrollados y de tradición judeocristiana. Si es de otra religión, se respeta su creencia y ya no se considera una masculinidad “tóxica”, sigamos.

Ha surgido un amplio vocabulario negativo en torno al hombre: “masculinidad tóxica”, “paleopadres”, “padres sombra,” etc. De forma insistente, los adjetivos siempre son negativos, como si ya no pudiéramos ser hábiles encubridores de nosotros mismos.

Los medios de comunicación, sobre todo los anglosajones, nos han bombardeado durante décadas con padres imbéciles e ignorantes, presentando a los hombres como verdaderos payasos.

Homer Simpson, Papá Pig, los padres son descritos como tontos, vagos, sin autoridad, como en los dibujos de “El increíble mundo de Gumball”, “Clarence”, “Jerry and Beth Smith”, “Futurama”, “American Dad”, “South Park”. La lista de dibujos animados procedentes del mundo anglosajón es interminable. 

Puedo decir tranquilamente que se enseña a los niños a despreciar a los padres, y esto refleja que estamos ante una sociedad enferma que destruye sus referencias simbólicas y emocionales.

Incluso la Ley del Aborto ignora al varón como si no existiera. Llamándolo “progenitor distinto de la madre biológica”, se borra incluso la palabra de “padre o varón”. Sin pudor alguno podemos sostener que el poder de la mujer es, hoy en día, absoluto.

 

Las consecuencias de la eliminación del padre y de lo masculino son enormes, pero citaré sólo dos: la primera, es que mayoría de los adolescentes incontrolables provienen de madres solteras. La ausencia de un padre es un patrón común en los adolescentes que comenten delitos. El 85% de los disturbios de Tottenham ocurrieron en hogares sin padres, lo mismo sucedió en los disturbios en otros países, como Francia, Colombia e incluso entre los yihadistas. En España, el perfil del joven delincuente es el de un varón sin padre. El psicoanálisis, cuando hablaba del Edipo, señalaba que la función del padre es separar simbólicamente al hijo de su madre, alejarlo de la inmadurez. El padre es un límite necesario que separa al hijo de las “faldas” de su madre, es quien da dirección, estructura, protección y provisión.

No debemos olvidar que lo que veo en la consulta diaria es que el padre es un referente simbólico insustituible. Si se priva al niño de esta figura, pasará toda su vida angustiado buscando esa figura paterna o un sustituto similar al padre. Como se suele decir, estará vendido.

Y mientras tanto, lo realmente sorprendente es tener que escribir este artículo en defensa de los varones, defender a la mitad de la población. ¿Qué ha ocurrido para que se denigre a la mitad de la población de tal manera y tengamos que defender la igualdad?

La otra consecuencia del declive de la figura del padre va de la mano del desastre demográfico que vivimos. Harto peor es ahora pues no hay siguiente generación de “nativos” (españoles). Es la primera vez en la historia que se ha roto el principio de conservación de la especie. Solo hay personas solas paseando a perros por la calle (los perrijos). En este sentido, cabe sostener que la evidencia muestra que estamos ante una catástrofe social que tiene que ver con la dificultad de establecer vínculos, quieran o no reconocerlo.

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