La Isla de las tentaciones como síntoma social
Fernando Pérez del Río
En los programas de telerrealidad las personas que han sido infieles en directo argumentan: “yo hice lo que sentía en ese momento y punto” (sic). Al parecer, expresar esa idea basta para justificar la humillación a la pareja delante de toda España.
Podríamos argüir que el “hice lo que sentía” es el grado extremo del sujeto desprovisto del equipaje que supone el vínculo con “los otros” y es, por otro lado, el triunfo del instante, de las emociones, del subjetivismo. Sin duda es el triunfo de una sociedad que se ha tornada anglo-luterana en el sentido de que los “Otros”, solo son instrumentos de los que me sirvo.
Lo nuevo es que esta expresión de emociones viscerales basadas en el momento, hipnotiza y embauca al público donde el nuevo control social es el entretenimiento. Los espectadores pasan a un estado de identificación respecto al personaje televisivo y se enganchan al qué pasará, ¿le perdonará?, etc.
En buena lógica tenemos una nueva subjetividad, donde el cuerpo de los realities es un cuerpo consumidor del presente, provisto de una piel de camaleón para cada momento.
Triunfan los personajes envueltos en un discurso circular que no tiene fin y no salen ni se proyectan al futuro como grupo, tan solo se revuelven sin sentido en el presente, “ahogados en un mar de irrelevancia”, amusing ourselves to death (entretenidos hasta la muerte), Huxley.
Se advierte pronto que, el argumento principal es: “yo defiendo mi verdad”, convirtiéndose en un discurso emocional separado de la razón, un discurso atomizado, sexualizado y puntillista, lleno de verdades contradictorias y efímeras.
Ahora somos más dependientes del instante emocional, de la entretenida novedad, del momento de ser compatibles, como en First Dates.
La idea del amor romántico va desapareciendo al igual que se pierde el tiempo de la espera; ha desaparecido el esperar esas cartas que tardaban días en llegar. Y pasa a ser la rapidez emocional aderezada de marketing sexual la que impregna el discurso: “hice lo que sentía en ese momento”. Hace 50 años las hubieran llamado putas y a ellos chulos, ahora son estrellas de televisión.
La frustración de antaño, la espera de la llegada del otro es vista como un freno, puesto hay muchas posibilidades de encontrar hoy mismo otras opciones. Es la cultura de usar y tirar a las gente, una cultura sin duda, enferma. Autor de “El espejismo del yo”.
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